A veces suelo ser un estampa, un prototipo de actitud y comportamiento que el exterior te pide que seas. Suelo hacerlo tanto tiempo que a veces me miento tan bien que yo misma suelo dudar de quién soy en realidad y de lo que creo realmente. Y de como quiero que los demás me vean.
Todo el mundo se saluda en reuniones, con una sonrisa y esperando sacar tema del otro para mostrarse interesados cuando por dentro siquiera ellos mismos se conocen.
Pero quien en verdad toca fondo y conoce verdaderamente su oscuridad son personas contadas.
Gente rota, que quizás se ponga una máscara para verse fuerte cuando por dentro hay un remolino de palabras no dichas y acciones no hechas. Esa gente es la que más me llama al corazón, esa que se le ve su mirada triste y pérdida pero una sonrisa inquebrantable llena de esperanza.
Abrazos de invierno que te funden con el calor todos los pedazos por al menos segundos.
Se puede estar rodeado del mundo entero y sentirse solo, conversaciones indistintas alardean de lujos y cosas banales. Nada de eso nos llevaremos no hemos entendido que aquí solo estamos de paso.
Comentarios
Publicar un comentario