Soy todas mis edades. Las náuseas de mi adolescencia, y esa imparable hambre de crecer, la adultez que niego mientras pago cuentas, cuando tengo que hacerme responsable de mis emociones, mis actos, mis errores y fallas, la vejez prematura que me arrincona poco a poco hacia la soledad. Pero, más que nada, soy esta infancia absoluta que atraviesa toda mi vida: mi ingenuidad, mi valentía, mi risa y mis lágrimas. Todo nace y muere en mi niña infinita.
Quise c onfiar, quise luchar, quise soñar. Yo te hice sentir a salvo, luego me empezaste a idealizar, juntarnos a hablar de cine siempre querías saber más. Quise conocerte, escucharte, mirarte y saber en que pensabas cuando te encontrabas solo en tu cama mirando fijo al techo. Quise tocarte, conocer cada borde, la temperatura de tus abrazos, la métrica de como se encajan los cuerpos al darlo, como se complementan. Entender lo que hay detrás Te saque fotos, te regale un perro, lo sacaba a pasear, li mpié los vidrios rotos y saque el olor a encierro, pinte metas y te escuchaba detenidamente en todas esas ideas locas que tenías, p ase las noches escuchando a Sabina, tardes discutiendo por política, dibuje nuestras iniciales en tu coche en los vidrios empañados en los días de frio. Tuve miedo cuando te fuiste a otra ciudad o cuando empezaste a laborar para el gobierno, averigué precios, vi tutoriales para hacer cartas creativas, observe la lluvia desde tu cama, f ui a esos lugares q...
Comentarios
Publicar un comentario