Alguna vez te has despertado en la mañana y al abrir los
ojos solo quieres regresar a dormir, te empiezas a duchar sin cantar, no hay
música. La música se fue. Sales de tu casa y al ver el cielo no le encuentras
forma a las nubes, llegas a la oficina y piensas que todos los días son lunes.
Escuchas la plática de la gente llena de monotonía, un niño en el transporte público
te mira fijamente y busca tu risa, te sale forzada.
Pasas por la central de autobuses y tienes tu quincena en el
bolsillo con unas locas ganas de llegar y abordar el primer destino lejos del
norte del país, quieres empezar de cero, charlas con tus amigos y te dicen que
tarde o temprano pasara. Pero nadie conoce este dolor que te carcome la carne,
duelen los huesos, te quita el hambre, te hace descomunalmente sentimental,
evitas hablar de eso porque se cristalizan los ojos, tratas de seguir tu rutina
habitual pero te das cuenta que alguien ya era dueño de esa rutina, empiezas a hacer
cosas nuevas para distraerte pero no te sientes tú, y extrañamente no eres tú.
Te sientes una copia mal hecha de ti, una copia insípida,
sin música, sin color y olor. Vez a gente riéndose a carcajadas y te llena de
envidia no poder reír así. Solo quieres dormir y más dormir.

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