Ir al contenido principal

‘Tienes que hacer las cosas difíciles’,

Tienes que hacer la llamada que tienes miedo de hacer.
Tienes que saludar al miedo con sonrisa de humildad.
Tienes que levantarte más temprano de lo que quieres levantarte.

Tienes que aprender a dejar ir.
Tienes que dar más de lo que obtienes a cambio de inmediato.
Tienes que preocuparte más por los demás de lo que ellos se preocupan por ti.
Tienes que luchar cuando estás herido, sangrado y adolorido.
Tienes que ir a lo inseguro cuando juegas si lo seguro parece más inteligente.
Tienes que liderar cuando nadie te sigue todavía.
Tienes que invertir en ti mismo a pesar de que nadie más lo haga.
Tienes que lucir como un tonto mientras estás buscando las respuestas que no tienes.
Tienes que trabajar en los detalles cuando es más fácil encogerse de hombros.
Tienes que entregar resultados cuando ofrecer una excusa es una opción.
Tienes que buscar tus propias explicaciones, incluso cuando te dicen que debes aceptar los “hechos”.
Tienes que cometer errores y quedar como idiota.
Tienes que intentar y fallar y volver a intentarlo.
Tienes que correr más rápido a pesar de que te hayas quedado sin aliento.
Tienes que ser amable con la gente que ha sido cruel contigo.
Tienes que cumplir con los plazos de entrega irrazonables y ofrecer resultados sin igual.
Tienes que ser responsable de tus acciones, incluso cuando las cosas van mal.
Tienes que seguir moviéndote hacia donde quieres estar, sin importar lo que esté delante de ti.
Tienes que hacer las cosas difíciles. Las cosas que nadie más está haciendo. Las cosas que te asustan. Las cosas que hacen que te preguntes cuánto tiempo más podrás aguantar. Arriesgarte a caer, a perder. Tomar las criticas como constructivas.
Ésas son las cosas que te definen. Ésas son las cosas que hacen la diferencia entre vivir una vida de mediocridad o el éxito escandaloso.
Las cosas difíciles son las cosas más fáciles de evitar. Para excusarte. Para fingir que no aplican a ti.
La simple verdad acerca de cómo las personas comunes logran hazañas increíbles de éxito es que ellos hacen las cosas duras que personas más inteligentes, no tienen el valor de hacer.

Haz las cosas difíciles. Puede que te sorprenda lo increíble que eres en realidad.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Diciembre

Soy todas mis edades. Las náuseas de mi adolescencia, y esa imparable hambre de crecer, la adultez que niego mientras pago cuentas, cuando tengo que hacerme responsable de mis emociones, mis actos, mis errores y fallas, la vejez prematura que me arrincona poco a poco hacia la soledad. Pero, más que nada, soy esta infancia absoluta que atraviesa toda mi vida: mi ingenuidad, mi valentía, mi risa y mis lágrimas. Todo nace y muere en mi niña infinita.

Quise

Quise c onfiar, quise luchar, quise soñar.  Yo te hice sentir a salvo, luego me empezaste a idealizar, juntarnos a hablar de cine siempre querías saber más. Quise conocerte, escucharte, mirarte y saber en que pensabas cuando te encontrabas solo en tu cama mirando fijo al techo. Quise tocarte, conocer cada borde, la temperatura de tus abrazos, la métrica de como se encajan los cuerpos al darlo, como se complementan. Entender lo que hay detrás Te saque fotos, te regale un perro, lo sacaba a pasear, li mpié los vidrios rotos y saque el olor a encierro, pinte metas y te escuchaba detenidamente en todas esas ideas locas que tenías, p ase las noches escuchando a Sabina, tardes discutiendo por política, dibuje nuestras iniciales en tu coche en los vidrios empañados en los días de frio. Tuve miedo cuando te fuiste a otra ciudad o cuando empezaste a laborar para el gobierno, averigué precios, vi tutoriales para hacer cartas creativas, observe la lluvia desde tu cama, f ui a esos lugares q...

De la mano de un turista ...

Todo parece tan irreal que me siento como una tonta explicándome a mi misma lo que antes no creía.  Paso en el momento menos pensado ya era parte de mi, bastaron unas palabras, hablar un poco, reírnos mucho, compartir miles de carcajadas, divagar compartiendo un futuro de sueños y metas, compartir odios, fobias y miedos. Seguí su juego de romance por unas horas, sin darme cuenta que eso que había empezado como una plática casual, se convirtió en mi rutina diaria mi  sendero de estrellas. Esperaba ansiosa la hora de sus llamadas, enseñaba camino a casa lo que le contaría por teléfono, anhelaba  con muchas ganas que me sucediera algo emocionante en el transcurso de mi día, y si eso pasaba, deseaba que esa llamada llegara pronto, para contarte con lujo de detalles cada minuto de lo que había pasado mientras no hablábamos, pasaron los días y lo único que recordaba era su risa, o su voz nerviosa con ese acento de algún lugar no muy lejos de aquí. Lo acepto, todo empe...