Ir al contenido principal

Coqueteándole a la vida

Me la eh pasado toda la vida pensando en el gran día en que alguien va llegar en un caballo blanco, bañado de ropa fina color dorado, con un perfume costoso francés y con un acento coloquial que endulzaría mis oídos, apresurándose a decirme “Buenas tardes hermosa, soy el amor de tu vida, el príncipe Francisco tercero y vengo a casarme contigo”.
Luego reacciono y volteo a mi alrededor y veo coches y más coches, un olor a tierra mojada de todas las lluvias que pasan por el país, y un sin fin de pendientes de la universidad, entonces ahí es cuando agarro la onda y entiendo que estoy pensando puras bobadas.
Creo que nos pasamos media vida, o por lo menos pareciera que media existencia, creándonos expectativas que luego no entendemos, asesinando ilusiones que no debimos matar, construyendo sueños incomprensibles y sin sentido, para luego torturarnos con la idea de lo imposible. Coqueteándole a la vida, bailándole a los miedos y saltándole a lo absurdo.

Haciendo lo que se nos da la gana con la excusa que vida solo hay una.  Yendo, viniendo, queriéndonos quedar cuando ellos quieren que salgamos corriendo, queriendo salir corriendo cuando ellos quieren que nos quedemos.
Lo dicho una y otra vez. Estar aquí de sencillo no tiene nada y es que uno espera que le llegue el turno de su propio y bonito para siempre. Y tantas expectativas, tantas ilusiones, tantos coqueteos, tantas noches de entregar el alma, de negarla, de preguntas, de paciencia, de impaciencia… de espera, de mucha espera y trabajo arduo, uno cree que merece la mejor historia lo más bonito de todos los amores del mundo mundial.
O por lo menos, después de tanto, de años, lugares, amigos, amigas, dramas, traumas de casi un año por un tipo que ni siquiera te imagina, de trabajar, de estudiar, de viajar, de reír, de escribir, de haber sufrido, de haberme recuperado, de haber querido con el alma y de haberlo superado. De creer que era mucho para alguno y poco para otro, de películas de amor, canciones de despecho, libros tiernos, tragos de tequila con limón, historias de amor ajenas, después de tanto y tanto; creo que merezco el más bonito, cursi, romántico, necio, fuerte y rosado de los amores.


Es que a lo bien, me creo merecedora de la más bonita y única historia de amor. Y entonces, sea lo que sea, hay que gozarla como mejor uno cree que lo merece. Y pues chance y Dios diga ¿Por qué no? A esta chava ya le toca algo padre (:

Comentarios

Entradas populares de este blog

Diciembre

Soy todas mis edades. Las náuseas de mi adolescencia, y esa imparable hambre de crecer, la adultez que niego mientras pago cuentas, cuando tengo que hacerme responsable de mis emociones, mis actos, mis errores y fallas, la vejez prematura que me arrincona poco a poco hacia la soledad. Pero, más que nada, soy esta infancia absoluta que atraviesa toda mi vida: mi ingenuidad, mi valentía, mi risa y mis lágrimas. Todo nace y muere en mi niña infinita.

Quise

Quise c onfiar, quise luchar, quise soñar.  Yo te hice sentir a salvo, luego me empezaste a idealizar, juntarnos a hablar de cine siempre querías saber más. Quise conocerte, escucharte, mirarte y saber en que pensabas cuando te encontrabas solo en tu cama mirando fijo al techo. Quise tocarte, conocer cada borde, la temperatura de tus abrazos, la métrica de como se encajan los cuerpos al darlo, como se complementan. Entender lo que hay detrás Te saque fotos, te regale un perro, lo sacaba a pasear, li mpié los vidrios rotos y saque el olor a encierro, pinte metas y te escuchaba detenidamente en todas esas ideas locas que tenías, p ase las noches escuchando a Sabina, tardes discutiendo por política, dibuje nuestras iniciales en tu coche en los vidrios empañados en los días de frio. Tuve miedo cuando te fuiste a otra ciudad o cuando empezaste a laborar para el gobierno, averigué precios, vi tutoriales para hacer cartas creativas, observe la lluvia desde tu cama, f ui a esos lugares q...

De la mano de un turista ...

Todo parece tan irreal que me siento como una tonta explicándome a mi misma lo que antes no creía.  Paso en el momento menos pensado ya era parte de mi, bastaron unas palabras, hablar un poco, reírnos mucho, compartir miles de carcajadas, divagar compartiendo un futuro de sueños y metas, compartir odios, fobias y miedos. Seguí su juego de romance por unas horas, sin darme cuenta que eso que había empezado como una plática casual, se convirtió en mi rutina diaria mi  sendero de estrellas. Esperaba ansiosa la hora de sus llamadas, enseñaba camino a casa lo que le contaría por teléfono, anhelaba  con muchas ganas que me sucediera algo emocionante en el transcurso de mi día, y si eso pasaba, deseaba que esa llamada llegara pronto, para contarte con lujo de detalles cada minuto de lo que había pasado mientras no hablábamos, pasaron los días y lo único que recordaba era su risa, o su voz nerviosa con ese acento de algún lugar no muy lejos de aquí. Lo acepto, todo empe...