Todo parece tan
irreal que me siento como una tonta explicándome a mi misma lo que antes no
creía. Paso en el momento menos pensado
ya era parte de mi, bastaron unas palabras, hablar un poco, reírnos mucho,
compartir miles de carcajadas, divagar compartiendo un futuro de sueños y
metas, compartir odios, fobias y miedos. Seguí su juego de romance por unas
horas, sin darme cuenta que eso que había empezado como una plática casual, se convirtió
en mi rutina diaria mi sendero de
estrellas.
Esperaba ansiosa
la hora de sus llamadas, enseñaba camino a casa lo que le contaría por
teléfono, anhelaba con muchas ganas que
me sucediera algo emocionante en el transcurso de mi día, y si eso pasaba,
deseaba que esa llamada llegara pronto, para contarte con lujo de detalles cada
minuto de lo que había pasado mientras no hablábamos, pasaron los días y lo
único que recordaba era su risa, o su voz nerviosa con ese acento de algún lugar
no muy lejos de aquí.
Lo acepto, todo
empezó como un juego, pero amor puro en su máxima expresión. Y ahora me
encuentro aquí caminando de la mano de un turista, mudándose de mis sueños a la
realidad en un bonito, largo y caluroso abrazo. No tenemos en común la misma
ciudad o la misma gente, pero si el mismo cielo, la misma época y las mismas
ganas de hacer esto realidad.
- Y eso para mí basta
Es un gusto enorme conocer este lado de ti, tienes talento ya has ganado un lector rutinario a las palabras que salen de tus entrañas. Sigue escribiendo que te seguiré leyendo.
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